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jueves, 1 de abril de 2010

Poema de Juan Sánchez Lomouth

Señor, date más prisa

Señor date más prisa en bajar a la tierra,
el alma de ese suelo suspira por tu amor,
enciende nuevamenre entre nosotros
el calor de tus manos florecidas,
tus palabras de oro
y el oro de mirarte, aún llagado, Señor.
Enséñanos de nuevo tu foete justiciero,
tu misión encargada no la tardes en dar,
el mundo ahora está lleno de horrores y alimñas;
hombres alacranados auguran tempestad.
Señor, date más prisa;
-estamos solitarios llorando como Pedo-,
o adelanta la hora del destrozo final,
malas lenguas comentan que tú nos has olvidado,
no hay casi palabras que saboreen tu amor,
la gente ya no mira hacia el viejo madero.
Mis ojos como nunca -dos modernas Marías-
siguen por el sendero tras de tu dulce amor.
Señor, date más prisa, en mi valle de lágrimas
este ruego te entrego como un presente en flor,
vuelve aunque vuelvas triste a mirar a los muertos,
Señor date más prisa, date prisa Señor.


jueves, 14 de enero de 2010

Haití en la pluma de Manuel del Cabral

Nuestro querido y buen amigo Basilio Belliard nos envía un poema del insigne poeta dominicano Manuel Del Cabral, muy propio de recordar hoy cuando Haití atraviesa por una terrible tragedia.

NO......
......................
Hoy no sueño, no sueño, aquí está el sueño
en pequeños ciclones de gargantas;
encerrada la tierra en amuletos;
el trueno detenido en los tambores.

Buscando el cielo oculto de su culto
sube Haití por los pies hasta su grito.
Aquí está el sueño, se me pone grande
un mapa que me ronca y que me asalta;
aquí esta Haití metido en unos dientes,
aquí está Haití que se derrite en ritos,
aquí está, retorcido, de repente,
con golpes de mar seco y de azabache
Haití tiembla en un vientre.

Hoy no sueño, no sueño, aquí está el sueño
sudoroso y espeso, aquí está el sueño
desnudo y pegajoso y poco ausente,
sueño de objeto oscuro y caso rojo.

Aquí está Haití metido en una hembra:
en una llama negra.

Manuel Del Cabral....

jueves, 30 de julio de 2009

Poema de Pablo Neruda

Las Fieras

Pablo Neruda

Se deseaban, se lograban, se detruían,
se ardían, se rompían, se caían de bruces
el uno dentro del otro, en una lucha a muerte,
se enmarañaban, se perseguían, se odiaban,
se buscaban, se destrozaban de amor,
volvían a temerse y a maldecirse y amarse,
se negaban cerrando los ojos. Y los puños
de Rosía golpeaban el muro de la noche,
sin dormir, mientras Thodo desde su almena cruel
vigilaba el peligro de las fieras despiertas
sabiendo que él llevaba el puma en su Sangre,
y aullaba un león agónico en la noche sin sueño
de Rhodo, y la mañana le traía
a su novia desnuda, cubierta de rocío
fresca de nieve como una paloma,
incierta aún entre el amor y el odio,
y allí los dos inciertos resplandecían de nuevo
midiéndose y besándose y arrastrándose al lecho
en donde se quedaba desmayada la furia.

Del libro La espada encendida (1970)

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