viernes, 18 de abril de 2008
TRAVESURAS DEL MONO PERIODISTA
Después que un parlanchín radiofónico
me estropeó de la peor manera el
oído, se instaló para siempre en mi memoria
el gracioso poema de Beatriz Ferro,
inspirado en las prácticas desviacionistas
del oficio. Ahora lo repito
nuevamente aquí, en talante preventivo
y casi como un regalo marchito pero
todavía ilusionado, para los amigos que
se reunieron en el congreso del Procap
y para cuantos quieran aprovecharlo.
“Hubo una vez un mono periodista;
para inventar noticias, un artista.
¿Lo picaba, digamos, una hormiga?
El escribía: "Solapada enemiga envenena
a inocente ciudadano; ocúltase en jardines
suburbanos".
¿El rojo sol brillaba sobre el río?
Ya se encargaba él de hacer un lío:
"¡Sensacional incendio en el Riachuelo!
¡Rojas llamas están llegando al cielo!"
Y la gente llamaba a los bomberos,
y los bomberos a los enfermeros;
corridas, sustos, gatos desmayados...
Todo por este mono exagerado.
Hasta que al paso le salió un león...
¡Ese sí que iba a ser un notición!
"Fiera suelta. Terror. Esto es serio:
¡Podría devorar un barrio y medio!",
pensó en voz alta el mono periodista,
y el león dijo: - ¿Es posible que exista
ser que diga desatinos mayúsculos
sólo porque salí a estirar los músculos?
-¡Respete al periodismo! -chilló el mono.
El león le contestó, lleno de encono:
-¡Jamás me comería a un periodista!
(Se lo comió por sensacionalista).”
Amigo del presidente
No sé, mi querido Magino, por cuáles motivos pienso en mi respetado colega y entrañable amigo Radhamés Virgilio Gómez Pepín cuando me dispongo a relatarle un episodio pre electoral. Cuando tuve el honor de dirigir El Nacional auspiciaba una peña en mi despacho.
Cada sábado en horas de la mañana nos reuníamos periodistas, políticos, empresarios, analistas, artistas, vagos y otros animales dañinos. Jorgito Martínez Lavandier, uno de los habituales contertulios, era candidato a la Presidencia de la República pero tenía la delicadeza de no hablar de eso en la peña. Todos sabíamos que esa candidatura de un hombre cuya honradez estaba más que probada, “no iba a parte”. Otro de los asistentes a la reunión sabatina era el pintoresco y hábil político Ramón A. Castillo, quien no se caracterizaba por su prudencia.
Ese sábado, vísperas de las elecciones cuyo año no recuerdo, Jorgito estuvo muy conversador y alrededor del mediodía se despidió y con su paso lento abandonaba mi oficina. Mon Castillo, sorpresivamente, le llamó la atención y le preguntó: “Jorgito, ¿quién tú crees que gana las elecciones?”. Como movido por un resorte, Jorgito se dio vuelta y con el rostro transfigurado respondió: “Yo, c…, tú crees que este pueblo es pendejo para votar por otro candidato que no sea yo”. Dio las espaldas y salió como un rayo del despacho. Todos nos mirábamos y no encontrábamos palabras para comentar la reacción del querido amigo. Fue Mon Castillo quien rompió el hielo cuando dijo: “A mi me dicen Mon el Loco, pero a quien debían decirle así es a Jorgito, que cree que puede ganar y lo cree de verdad. Yo nunca he querido ser presidente, pero eso sí, lo que busco es ser amigo del presidente”. ¿Usted cree, Magino querido, que las cosas han cambiado?...
Hace ya algún tiempecito que conversaba con mi querido amigo el doctor Eduardo Delgado Suárez en relación a la crisis energética que nos afecta. Le pregunté al antiguo jefe de Shell en el país y profesor universitario en Atlanta y en España que cómo resolvería él esa crisis. Y no vaciló para responderme que “solo hay una solución, la nuclear”. No hablamos más de eso. Traigo el tema a colación, caro Magino, porque hace unos días se publicaron unas declaraciones del ingeniero Demetrio Augusto Prota Henríquez, quien dijo que el país tiene las condiciones necesarias para iniciar, a corto plazo, la instalación de un parque nuclear, que podría producir energía para venderla a seis centavos de dólar el kilovatio. Manifestó que la energía nuclear no es privativa de los países grandes. ¿Usted que cree, viejo bronco todo el tiempo?
viernes, 4 de abril de 2008
El crecimiento urbano de Santo Domingo
En los últimos años, la capital dominicana ha desarrollado un inusitado crecimiento urbano, con la construcción de modernas edificaciones residenciales y empresariales.
El diseño vanguardista y la disponibilidad para amplios espacios para la recreación están presentes tanto en las construcciones corporativas, como en las áreas residenciales consideradas exclusivas.
Así encontramos torres familiares que disponen de piscinas, gazebos, confortables lobbies, gimnasios y amplias áreas comunes, sin contar las terrazas privadas y los penhouses.
La expansión se produce en dos ámbitos, en el perímetro metropolitano el crecimiento es vertical y en las periferias, horizontal.
En el casco urbano, donde el terreno es más caro, la tendencia es a derribar residencias adquiridas por ingenieros y compañías constructoras, para levantar edificaciones familiares. Mientras, en la periferia se construyen edificios de menos de cuatro niveles, para familias de ingresos medios.
Lo contraproducente de ese desarrollo urbanístico es que mientras la ciudad se expande en población y construcciones, los servicios permanecen estáticos, lo que crea un déficit en importantes aspectos como es el abastecimiento de agua potable.
El Distrito Nacional, que a principios del Siglo XX no pasaba de una pequeña ciudad, camina a convertirse en una metrópoli, que ya cuenta (incluido Santo Domingo), con 2.7 millones de habitantes y una densidad de 1950 habitantes por kilómetro cuadrado.
Si tomamos en cuenta que la población nacional, según el censo de 2002, es de 8.5 millones de habitantes y la densidad territorial de 176 habitantes por kilómetro cuadrado, hay que concluir en que la presión migratoria se concentra en la urbe más importante de República Dominicana.
Las grandes metrópolis (Nueva York, París, Madrid y otras) que cuentan con servicios y sistemas de transporte que satisfacen la demanda de poblaciones con alta densidad territorial, se han levantado bajo la supervisión y aplicación de normas municipales con visión de futuro. Las demás operan bajo el caso y con grandes carencias. ¿Hacia cuál de las dos opciones se dirige Santo Domingo?
viernes, 28 de marzo de 2008
Cuco Valoy: ícono de la música popular dominicana

Banreservas editó en un disco compacto dentro de su “Colección Reserva Musical” con los éxitos durante de una carrera de más de 50 años.
“Este álbum musical constituye una rica antología de los grandes éxitos de esta leyenda viva de nuestro país”, refirió Daniel Toribio, administrador general de Banreservas, quien entregó a Valoy una placa de reconocimiento.
Como parte del homenaje a Cuco, Banreservas organizó un concierto titulado “Encuentro con el Son”, con la actuación de Valoy, Francis Santana, Bartolito y Milciades Guerrero.

Legado artístico
Cuco Valoy nació en el convulsionado Santo Domingo de 1937. Tras estudiar teoría musical en el Conservatorio Nacional de Música, formó con su hermano menor Martín Valoy un dúo que pronto se hizo popular en presentaciones y serenatas, interpretando éxitos de artistas de la época.
A mediados de los años 50 Cuco quedó fascinado por la música cubana y cambió por completo el repertorio del dúo.
En la década de los 70, Cuco forma el conjunto Los Virtuosos, iniciando una nueva etapa en su carrera.

En el nuevo conjunto integra a su hijo Ramón Orlando, quien pronto se convertiría en uno de los jóvenes maestros de la música dominicana. La unión de experiencia y juventud dio como resultado un contagioso y exitoso sonido con identidad propia.
Pocos artistas como Cuco son capaces de interpretar casi cualquier ritmo con tanta gracia y carisma: merengue, salsa, cumbia, swing latino, son montuno, bolero, pop, cha-cha-chá, e incluso mezclas de ritmos postmodernos como reaggetton y merenhouse.
Valoy ha recibido premios y reconocimientos tan importantes como la “Medalla de los Héroes de la Patria”, y galardones en Colombia, uno de los lugares, donde ha obtenido mayores éxitos, allí recibió cuatro veces el premio “Congo de Oro”.
martes, 25 de marzo de 2008
Los mongoles en Bagdad

Por Oscar Peña
En estos días que se cumplen cinco años de la invasión estadounidense a Irak he leído dos libros que desde diferentes perspectivas –una política y la otra cultural- analizan con sentido agudo y descarnado las razones y las devastadoras consecuencias de este acontecimiento bélico que contradice todos los principios de civilización.
Uno de esos textos es “Los mongoles en Bagdad”, de la autoría del novelista José Luis Sampedro, miembro de la Real Academia de la Lengua Española, de quién tomo prestado el título para este artículo; y el otro “El ataque contra la razón”, de Al Gore, con el cual ganó el Premio Príncipe de Asturias 2007.
Por el momento comentaré el libro de Sampedro, aunque del texto de Gore adelantaré que pasa factura al gobierno de Bush en forma exhaustivamente documentada. Sobre esta obra escribiré en una próxima entrega.
Sampedro explica cómo las hordas de los descendientes del legendario Genghis Khan conquistaron y arrasaron con el patrimonio de Bagdad, primero en el año 1258 con un ejército de 130,000 hombres al mando de Hülegü; y después, en 1401, con un ejército dirigido por Timur Lenk, Timur el Cojo, más conocido entre nosotros por Tamerlán.
El novelista y catedrático de economía compara cómo los mongoles impusieron su dominio en base al espíritu guerrero que los llevó a instaurar el imperio más grande de la historia, incluido el surgimiento de una dinastía china y cómo, en cambio, los soldados norteamericanos entraron a Bagdad sobre sus tanques blindados, después de bombardear la ciudad sin misericordia.
Aunque ambas son acciones bárbaras, a juicio del escritor español hay una marcada diferencia. Y es que los mongoles luchaban acordes con unas convicciones y usos medievales. “Los actuales invasores, en cambio, –razona Sampedro- violan los principios de la civilización moderna, como si no se hubieran promulgado en los últimos siglos la propia Declaración de Independencia, los Derechos del Ciudadano, los Derechos Humanos y tantas leyes internacionales. De esta época sólo tienen una técnica infinitamente superior a la de los mongoles, y con ella se han rebajado a un nivel inferior de la Historia, engañando a su propio pueblo con falsas justificaciones para robar bienes y tierras y matar a sus dueños”.
En un símil que bien pudiera enarbolarse en una de las pancartas de los millones de ciudadanos que protestan en todo el mundo contra la ocupación a Irak, el escritor español expone:
“Los mongoles luchaban arriesgando su vida, viviendo con tremendo heroísmo el choque de las batallas; los de ahora manejan mecanismos desde un lejano buque o desde un avión inalcanzable y aniquilan vidas y riquezas impunemente y sin grandeza…¿No salta a sus ojos la abismal diferencia?”
Para justificar la invasión a Irak, el gobierno de George Bush mintió descaradamente. Dijo que Saddam Hussein tenía armas biológicas y resultó ser mentira. Denunció que Al Qaeda y el régimen de Saddam eran aliados. Nada más falso, uno no tenía nada que ver con el otro. Por el contrario eran irreconciliables enemigos.
Sucesivamente Bush desató una mentira sobre otra. Todas las supuestas pruebas que aportó en 2003 al Consejo de Seguridad de la ONU, para justificar la invasión, eran falsas. La única verdad era que a su gobierno le interesaban los campos petroleros iraquíes.
En lo antes expuesto coinciden Al Gore y Sampedro. Y más aún, podría decirse que ambos, por caminos diferentes, subrayan la tesis del escritor español de que como resultado de la política de Bush “emerge una psicología presidencial apoyada en dos hondas convicciones: primero, un fundamentalismo religioso que no le impide apoyarse en la Biblia para ordenar matanzas y, segundo, una ideología de tipo imperialista y mesiánica”.
El resultado de estos cinco años de ocupación del territorio de Irak ha sido un pueblo y una cultura milenaria destruidos, cientos de miles -quizás millones- de iraquíes muertos, 4,000 soldados y otros 1,500 contratistas y civiles norteamericanos muertos, y un país más inseguro, pero sobre todo más proclive al terrorismo, propósito que según Bush, persigue combatir su gobierno.
miércoles, 19 de marzo de 2008
lunes, 10 de marzo de 2008
VerveEarth: el mundo geográfico de la blogosfera
Me enteré de este nuevo servicio por una invitación que me llegó de VerveEarth a mi gmail, que expresaba que este espacio estaba afiliando en el mundo a los blogs que considera más interesantes.
Este nuevo espacio promete convertirse en un fenómeno de interconexión en el planeta. Varios blogs de República Dominicana ya están registrados, entre ellos el nuestro PeriodismoHoy.
Esta nueva herramienta permite al cibernauta situarse en el mapa sobre cualquier país o ciudad y ver la distribución geográfica de los blogs disponibles. Con sólo colocar el ratón sobre el link del blog de su interés, usted puede acceder a él.
verveEarth no sólo posibilita tener una visión sobre las zonas con mayor cantidad de blogs, lo que es un indicador del tráfico en la red, sino que promueve la creatividad y ofrece una gran flexibilidad para añadir imágenes, texto y otros recursos visuales, recursos aprovechables para la difusión empresarial e individual.
Con esta ventana a la pluralidad de las ideas, Google se anota otro tanto frente a competidores como Yahoo y My Space, entre otros.
¡Anímese y dé un paseo de país en país o de continente en continente por la blogosfera del mapa mundial!
